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Xi le gana el pulso a Trump antes de cumbre decisiva

China llega a la cumbre comercial de la próxima semana con Estados Unidos en una posición de fortaleza que pocos anticipaban hace apenas unos meses. Mientras Washington se enreda en negociaciones paralelas con Irán y mantiene una política exterior que sus propios aliados describen como errática, Pekín ha consolidado sus frentes diplomáticos, diversificado mercados y proyectado una imagen de estabilidad que le genera dividendos en las capitales más importantes del mundo. El presidente Xi Jinping llega a esta cita con cartas sólidas en la mano.

Los analistas señalan que el principal activo de China en este momento no es militar ni tecnológico, sino narrativo. Pekín ha logrado posicionarse ante el Sur Global como el actor responsable del sistema multilateral, mientras que la administración Trump acumula roces con Europa, Canadá y México por aranceles unilaterales y presiones migratorias. Esa percepción tiene consecuencias concretas: varios países que antes alineaban posiciones con Washington en foros como el G20 o la ONU ahora guardan silencio estratégico o se inclinan hacia posturas más neutrales, lo que debilita el bloque negociador estadounidense.

En el plano económico, China ha absorbido mejor de lo esperado el impacto de las tarifas impuestas durante el primer mandato de Trump y las que se han mantenido o ampliado en el actual. Las exportaciones chinas encontraron nuevas rutas a través de Vietnam, México y otros países puente, mientras que Pekín avanzó en acuerdos bilaterales con naciones de Asia Central, África y América Latina que reducen su dependencia del mercado estadounidense. Además, el yuan ha ganado terreno como moneda de referencia en transacciones energéticas, un golpe simbólico y práctico al poderío del dólar.

Del lado estadounidense, la atención dividida entre el expediente iraní y la presión interna por resultados económicos tangibles limita el margen de maniobra del equipo negociador. Trump necesita un acuerdo que pueda vender como victoria ante su base electoral, lo que paradójicamente le resta poder de negociación frente a una contraparte que no enfrenta elecciones en el corto plazo. Xi, blindado políticamente en casa y con reservas diplomáticas acumuladas, puede darse el lujo de esperar. La pregunta no es si China tiene ventaja en esta cumbre, sino cuánto está dispuesta a conceder para no hacer quedar mal a su interlocutor y mantener abierto el canal de diálogo que, al final del día, a ambas potencias conviene preservar.